Gabriel Heras: «La gestión de la pandemia basada en el miedo trae consecuencias nefastas»

En su sala de terapia intensiva recibieron al primer caso de coronavirus en estado crítico de Madrid. Y él, Gabriel Heras, el médico que fundó el proyecto «Humanizando los Cuidados Intensivos», vivió por dentro el…

martes 01/09/2020 - 23:49
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En su sala de terapia intensiva recibieron al primer caso de coronavirus en estado crítico de Madrid. Y él, Gabriel Heras, el médico que fundó el proyecto «Humanizando los Cuidados Intensivos», vivió por dentro el colapso del sistema sanitario español. Vivencias «macabras», resume quien ya venía de lidiar con atentados terroristas y vivir al límite. Y eso, sin contar con que él mismo se contagió con Covid-19, al igual que entre 50.000 y 100.000 miembros del personal sanitario español.

Ahora, mientras España afronta una segunda ola de contagios y la Argentina registra su primer episodio de colapso del sistema sanitario, en Río Negro , Heras envía un mensaje urgente: a sus colegas, a la población y a las autoridades locales. «Debemos cuidar al que cuida» , plantea. Con recursos, pero también con compromiso social, aunque «por desgracia, el ser humano aprende a golpes», dice. Y «golpes», durante una pandemia, se traduce en muertes. Y las autoridades, completa, deben comprender que «la gestión de la pandemia basada en el miedo trae consecuencias nefastas», publica hoy La Nación.

-Ustedes consultaron a 10.000 pacientes, familiares y sanitarios, ¿qué extrajeron de ese relevamiento?

-Las ocho líneas para la humanización de la asistencia sanitaria: flexibilizar los horarios de visita a los pacientes y la presencia y participación de los familiares en sus cuidados; mejorar la comunicación entre profesionales, pacientes y familias; garantizar el bienestar del paciente; cuidar al cuidador; prevenir, detectar y manejar las secuelas post hospitalaria; humanizar la infraestructura -es decir, desarrollar espacios centrados en la dignidad de las personas-; y, por último, atender mejor el proceso de la muerte, que es una gran asignatura a mejorar que se puso muy de manifiesto durante la pandemia. Pensamos que ni el coronavirus nos puede robar la humanidad y nadie debería haberse muerto solo.

-Digamos que los «hallazgos» son hasta obvios. ¿Cómo se explica eso?

-Porque tenemos una gestión de la pandemia más basada en el miedo que en la ciencia . Me explico: en mi unidad de terapia intensiva hemos permitido las visitas de familiares en todo momento porque nos pusimos la norma de que ninguna persona muriera sola y aplicamos lo que sabemos. Si nosotros, los profesionales que estamos allí todos los días, extremamos las medidas de higiene y de distanciamiento, y no nos infectamos más, ¿por qué habrían de infectarse los familiares? De hecho, cuando aplicamos esto, no hemos tenido mayor número de infectados entre los familiares. Les enseñamos a lavarse las manos, a mantener distancia y a ponerse un equipo de protección individual para que acompañen a sus seres queridos en sus últimos momentos. Ahora, las nuevas recomendaciones de la Sociedad Española de Medicina Intensiva irán por esa línea, con un plan de contingencia para la segunda oleada que incluye un capítulo entero de humanización. Porque se puede entender una gestión basada en el miedo en los primeros momentos, cuando te enfrentas a algo desconocido, pero ahora que ya sabemos de qué va la historia, no tiene mucha fundamentación. La gestión de la pandemia basada en el miedo trae consecuencias nefastas. ¡Los profesionales sanitarios somos científicos y tenemos que basarnos en argumentos científicos para hacer las cosas!

-Usted suele alertar sobre el riesgo de que muchos profesionales abandonen la medicina, quemados.

-Es una realidad. En mi país -y creo que en el suyo la cifra es peor todavía-, previo a la pandemia había un 50% de profesionales con desgaste profesional. Una cosa es ejercer la medicina y otra es cómo el sistema sanitario hace que tú tengas que ejercer la medicina. Son condiciones muy difíciles y han puesto en jaque la más potente de las vocaciones. Muchos profesionales sanitarios se van a plantear para la siguiente oleada que no quieren jugarse la vida por una población que en muchas ocasiones no siguen las recomendaciones y se comporta basada en el egoísmo en vez de en el bien común.

-Y eso, mientras algunos reclaman por salir «de marcha», le como dicen ustedes.

-Claro, es que la gente no se lo toma en serio y por desgracia, el ser humano aprende a golpes. La gente no es consciente de lo que afrontamos hasta que tiene un fallecido en su familia.

-Sin olvidar lo que afrontan quienes sobreviven a la terapia intensiva.

-[Suspira] Mira, no solo se trata de sobrevivir en la terapia intensiva, sino de cómo se sobrevive. Hablamos ahora del síndrome post-cuidados intensivos, que afecta a entre un 30 y un 50% de los pacientes. Son secuelas físicas, cognitivas, emocionales, neuropsicológicas que afectan su calidad de vida y la de sus familias porque, al final, cuando un paciente se va, su familia carga con el peso de la enfermedad. Hablo de ansiedad, depresión, estrés postraumático, terrores nocturnos, déficit de concentración, a nivel cognitivo y a nivel emocional, inmovilidad, necesidad de aprender a caminar, a hablar, a respirar, a tragar. y por desgracia, los pacientes que ingresan a terapia por esta pandemia registran una mortalidad de entre el 45 y el 60%, y dejan muchísimas secuelas entre quienes sobreviven. Porque requirieron altas dosis de sedación, de relajantes musculares para tolerar la ventilación mecánica y esteroides. Todo eso hace que la debilidad asociada a esta enfermedad sea muy, muy grave, con estancias muy prolongadas. El promedio de estancia en España es de 28 días. Eso quiere decir que algunos pacientes han estado más de 100 días en terapia.

-Con un bombardeo químico que, por lo que he leído, en ocasiones lleva al delirio.

-Sí. Estamos a punto de publicar un estudio multicéntrico para el que hemos reclutado casi 2100 pacientes en más de 25 países. El resultado es brutal. Registramos altísimas tasas de delirio y no sabemos muy bien por qué ha ocurrido. Si es por la propia enfermedad o por la cantidad de fármacos que hemos usado y que tienen sus efectos secundarios o porque los pacientes han estado solos. Por eso, ¿qué mejor manera de orientar a los pacientes que tenerlos con sus seres queridos?

-¿Qué datos esperanzadores extrajo de lo que vivió?

-Varios. El primero y fundamental es que el comportamiento de los equipos sanitarios ha sido ejemplar. La población debe estar muy satisfecha del compromiso de los profesionales sanitarios que nos hemos dejado la piel y la vida. Y esto es literal. Más de 3000 profesionales fallecieron en todo el mundo en acto de servicio. Y, luego, el trabajo en equipo en los hospitales ha sido increíble. En las terapias intensivas, han venido compañeros de todas las especialidades a ayudar, las enfermeras de otras especialidades, además del apoyo del personal de limpieza, los celadores, personal de cocina… También, que vamos a estar mejor preparados para la segunda oleada porque ya tenemos, por desgracia, la experiencia de lo que ocurrió en España desde febrero a junio.

-Que usted padeció en carne propia. Se contagió y quedó exhausto.

-Es que esta pandemia ha afectado mucho a las emociones y muchas veces los profesionales sanitarios hemos tenido que suplir esas despedidas, esas situaciones de alta tensión emocional que ocurren en los hospitales y que normalmente asumen los familiares. Eso ha hecho que los profesionales sanitarios tengamos mucho desgaste, pero hasta que no pudimos parar un poco en España, no hemos sido capaces de analizar qué situaciones dramáticas y macabras hemos vivido. Yo he tenido la suerte de escribir mi libro, «En primera línea», que a mí me ha servido de terapia personal.

-De catarsis.

-¡Claro! Pude vomitar todas las emociones que había tenido durante la pandemia y me ayudó a encarar un período de reflexión que hubiera acabado en depresión, ansiedad, estrés postraumático o terrores nocturnos como están viviendo muchísimos de mis compañeros que recién ahora están pudiendo parar. Y otros, ni eso, y están absolutamente extenuados. Eso debe saberlo la población, que tiene que hacer su parte. En Madrid tenemos 700 camas de cuidados intensivos y llegamos a manejar 3500 pacientes, sin quintuplicar las plantillas. Una locura. Lo que ha pasado fue un campo de batalla. Y en España, a los profesionales sanitarios nos han mandado a la guerra sin escudos. Por eso nos infectamos tanto.

-¿Cuál es tu mensaje para sus colegas argentinos?

-Que es fundamental la autoprotección y reclamar a las autoridades suficientes recursos materiales de alta protección. Obviamente que es difícil encontrar más personal sanitario que quiera sumarse a trabajar durante una pandemia, pero que con mucho esfuerzo y paciencia al final se ve la luz. Y también, que es muy, muy importante que hagan una labor de educación con la población. Si no hay medidas de contención apropiadas seguirán llegando pacientes a los hospitales hasta acabará colapsando el sistema sanitario. Pasó en China , pasó en Italia , pasó en España y estamos volviendo a las andadas. Al final hay que pensar si queremos ser pobres o estar muertos

-¿Hay alguna pregunta que no le planteé?

-No, pero me gustaría cerrar diciendo que la pieza que falta en la sanidad mundial es la humanización. Si no cambiamos la manera de hacer las cosas obtendremos los mismos resultados de siempre. Si las autoridades sanitarias de todo el mundo hubieran aplicado estas buenas prácticas, hubiera muerto menos gente y la que si murió hubiera muerto acompañada por sus seres queridos, no en soledad. Ojalá que aprendamos de este desastre, que habla de la fragilidad del ser humano y de su impermanencia. Cuando creemos que tenemos todas las respuestas, la vida nos cambia las preguntas. Es una interesante lección.

Quién es Gabriel Heras

-Nacido en Madrid, en 1977, estudió Medicina en la Universidad de Alcalá, completó su residencia en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, y desarrolla su doctorado sobre la Humanización de la Medicina en la Universidad Francisco de Vitoria.

-Especializado en Medicina Intensiva, acumula experiencia en siete hospitales, además de cooperar con la Agencia Española de Cooperación Internacional, que lo desplegó en Bolivia y en Ghana.

-En 2014 creó el proyecto «Humanizando los Cuidados Intensivos» y desde 2107 dirige el Comité de Humanización de la Federación Panamericana e Ibérica de Medicina Crítica y Terapia Intensiva.

-Director del Máster de Humanización de la Asistencia Sanitaria en la Universitat de Barcelona , recibió múltiples premios y reconocimientos, y publicó más de cien artículos científicos, y acaba de publicar el libro «En primera línea».

Recomendaciones para aprovechar el tiempo

-Dado que millones de argentinos deben permanecer en sus casas desde hace meses, ¿qué libros, películas, música u otra actividad les recomienda para distraerse o «aprovechar» el tiempo? ¿Qué hace usted en su tiempo libre?

-Mi escaso tiempo libre lo dedico a intentar transformar el sistema sanitario a nivel mundial a través de la humanización. Este es mi proyecto de vida y le dedico todo el tiempo que estoy consciente. En cuanto a lecturas recomendadas, pues sugiero mi libro, «En primera línea»

[risas]

. Se pasarán un buen rato. Y como soy futbolero, y del Atlético de Madrid, me entretengo con eso, aunque ahora [en alusión a la inesperada derrota que sufrieron en la Champions League], mejor no hablar [risas]. En cuanto a libros que yo estoy leyendo, ahora estoy con «Querida guerra mía», del argentino Hernán Fin.

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