El ‘mani pulite’ chubutense, y el impacto político


Los alcances de la enorme bomba que estalló en el corazón del poder, lo que haría Mariano Arcioni de aquí en más, los avances posibles de la causa y la repercusión en el ChuSoTo, todo en un informe que publica hoy el diario El Chubut.

Cuentan que el martes de la semana pasada, horas antes de las detenciones, el intendente de Trelew Adrián Maderna y el presidente de la Cooperativa Eléctrica, Fabián Gómez Lozano; hacían “antesala” antes de ingresar al despacho principal de Fontana 50 para reunirse con el gobernador Arcioni. Quien les franqueó el paso y les hizo ingresar a la reunión fue el hasta entonces subsecretario de la Unidad Gobernador, Diego Correa. El mismo que pasaría el día siguiente en un pabellón carcelario junto a Jonathan “Monito” Williams, Alejandro “El Gordo” Jara, y otros conocidos delincuentes de la región. Un cambio abrupto que funcionó como un terremoto de grado 9, de alto poder destructivo, en la política chubutense.

Los hechos ya son conocidos por todos. Las dudas que persisten: quién se quebrará primero, hasta dónde llegará la investigación. Y si hay ex funcionarios o funcionarios actuales que harán compañía a los cinco detenidos, hasta que se sustancie un juicio oral que -por rating y personajes- superará por lejos al de la megacausa del Banco, años atrás.

¿Quién cederá a aquella vieja teoría de los interrogatorios judiciales y policiales, conocida como el dilema del prisionero? ¿Quién hablará? ¿Lo hará Diego Correa, por rencor, por enojo, porque lo dejaron solo, porque no querrá ser el único que pague, porque no soportará la idea de saber que su esposa está presa? ¿O lo hará su mujer detenida en Playa Unión, Natalia Mc Leod, por que la mandaron seis meses presa, sin sus hijos, y sin la piadosa prisión domiciliaria? ¿O hablará cuando los fiscales interroguen a los miembros de su familia que fueron directores de las empresas “familiares”, con la que operaron las contrataciones directas de la Unidad Gobernador?

Todo esto sumará páginas a la crónica judicial, policial y política de Chubut.

Lo realmente complejo es determinar cómo se va a acomodar el futuro, y qué roles ocuparon en esta trama tremenda el gobernador Mariano Arcioni, el secretario de seguridad Federico Massoni, y el ministro coordinador Sergio Mammarelli.

Pero algo se puede adelantar: con el estallido del caso, con las detenciones, finalizó el dasnevismo en el poder. Acabó formalmente “la herencia de Mario”. Y desde ahora gobernará Arcioni, sin la bigornia de 1.000 kilos en cada hombro que le significaron ciertos condicionamientos. Una movida completa y compleja que incluyó desde cambio de despachos, inconografía, a la mudanza a la residencia. Quedará la herencia simbólica de lo bueno que tuvo el dasnevismo y su gobernador más popular y exitoso. Pero la etapa, quedó cerrada. “Les vamos a demostrar que no somos los pelotudos que creían que éramos”, repiten con insistencia en el corazón del poder. En esta crisis, hallaron una oportunidad de oro.

El día de las detenciones

El miercoles 6, un llamado alertó a las cuatro y media de la mañana a Massoni, el secretario de Seguridad de la Provincia, sobre el operativo y las detenciones inminentes, las que tampoco habrían sido una sorpresa para Diego Correa. Ya se sabe -lo denunció el procurador Jorge Miquelarena- que alguien advirtió a la banda sobre las escuchas que se utilizaron para ir construyendo pruebas. Massoni le dio la novedad al gobernador, quien transmitió unas pocas palabras: “que hagan lo que tengan que hacer”. No daría Arcioni señal alguna de impunidad, ni de presión a la Justicia. El procurador Miquelarena, muy amigo años atrás de Mario Das Neves, y sus fiscales tendrían vía libre para actuar.

Hay un viejo dicho de la política y la sociología: el mensajero, es el mensaje. La presencia de Massoni en los procedimientos, en la detención de Correa, en el recorrido de la propiedad del funcionario caído en desgracia, fue justamente eso: El mensaje. Y éste es que el gobierno de Arcioni va a entregar a todos los que tengan algo que ver -aunque fuere en lo más mínimo- en esta causa por asociación ilícita y defraudación, en su modo de fraude al Estado. La primera prueba fue la inmediata desvinculación de Diego Correa y de Diego Luthers, como agentes del Estado. Fue la primera decisión de Arcioni ni bien se supo de las detenciones. Luego, el gobernador se llamó a silencio y dejó hacer. “Hace rato que Correa no manejaba ni una carpeta en la Privada. Le habíamos cortado el acceso a todo”, dijo una fuente de Fontana 50.

Si el gobernador deja hacer, y los fiscales siguen avanzando, pronto la causa dará más frutas maduras. Hay pánico entre ciertos grupos que fueron del círculo íntimo del dasnevismo. Y las próximas acusaciones formales podrían alcanzar incluso a ex miembros del gabinete.

Las charlas procurador-gobernador

Hubo una conversación reservada entre Miquelarena y Arcioni, que fue clave. Pudo haber ocurrido antes del operativo, aunque el gobernador no supo de los acontecimientos hasta unas pocas horas antes, el miércoles. En esa charla, el mandatario le pidió que actúe “con todo”. Que siga la causa “a fondo”, y que se lleve puesto al que tenga que ser. Le garantizó que no habría ni un solo obstáculo del Poder Ejecutivo, y que tendrían a disposición toda la documentación necesaria. Antes de esta charla, el ministro coordinador Sergio Mammarelli ya sabía que se estaba cocinando una “tormenta perfecta” sobre parte del dasnevismo, personas que gozaron de la máxima confianza del gobernador Das Neves.

¿Por qué Arcioni abrió las puertas de la Casa de Gobierno a la Justicia? ¿Por qué puso en los operativos a su secretario de Seguridad? ¿Por qué en el círculo íntimo del gobierno hay caras de satisfacción?

Porque de un solo golpe, con fotos, esposas, presos, y un impacto mediático fenomenal, el gobierno se quitó de encima un contrapeso importante. Una “herencia” de personas que ocupaban lugares clave, y en las que Arcioni no terminaba de confiar. Correa se mantuvo en la privada con el nuevo gobierno, porque el gobernador quiso preservar a una persona que había sido leal a la familia Das Neves.

La “oleada” de presos y de derivaciones que la causa podría tener, mantendrá además a varios críticos internos de la gestión de Arcioni, de Mammarelli, y aun de Massoni, entretenidos en atajar las esquirlas del caso.

La libreta de almacén de Correa

“Esto va a servir para que vean que venimos a gobernar. Y que esto no es la gestión de Perl”, dicen en el gobierno, conformes en serio con la marcha de los operativos judiciales y con las posibles derivaciones del caso. Obvio, como todo el mundo en Chubut, están enterados al detalle de los nombres que aparecen en la “libreta de almacén” de Diego Correa, documentación que le secuestraron cuando preparaba -presumiblemente- una fuga, alertado de su inminente detención. En esa libreta aparecen nombres y cifras. Hay quienes dicen que ello no sería producto del robo organizado que la Justicia investiga, sino de “sobre sueldos” en negro. Un problema más, en todo caso. Esta prueba clave, más las escuchas, más las operaciones que han reunido los fiscales, terminarán a juicio del gobierno activando una bomba de alto poder, que de algún modo va a “encaminar” a la provincia, separando la paja del trigo.

Es complejo de explicar, pero la verdad es que Arcioni está conforme con lo que pasó. Le habría gustado que no existiese la corrupción. Pero una vez manifestada, ayudará a cortar de cuajo, afecte a quien afecte. Es obvio que en los cálculos de quienes le asesoran, especialmente Rafael Cambareri y Mammarelli, ingresa la posible debacle de enemigos internos.

Temblor en el dasnevismo

En el ChuSoTo aún no se reponen de la impresión. En la familia Das Neves, apuntaron a separar a los “traidores”. Aunque no hicieron muchas manifestaciones públicas, lo hacen en privado, en charlas políticas. Cuentan además que Raquel Di Perna está furiosa con Diego Correa, y con ex funcionarios que se fueron del gobierno y del círculo íntimo. Porque conocían parte del entramado de relaciones. Por supuesto, todos negarán haber sabido de actos de corrupción.

¿Cómo pudo suceder algo así, desde la perspectiva del dasnevismo de paladar negro? ¿En qué momento se montó la máquina? ¿Cuándo se distrajeron tanto? La sociedad pasará una factura muy dura. A todos, incluso a la clase política en general, y a Chusoto y al PJ en particular. En general, a la gente le cuesta diferenciar entre quienes estuvieron juntos hasta hace pocos años, y vuelven a estarlo ahora. O no, o más cerca. Una anécdota lo resume. Una persona fue a visitar a Natalia Mc Leod a la comisaría de Playa Unión, donde está detenida. El policía que recibió la visita le dijo al recién llegado “Cómo no, puede pasar. ¿Pero usted sabe por qué esta mujer está presa? Está acá, porque robaron mientras a nosotros nos pagan los sueldos desdoblados”, le dijo. La furia del público, en cada lugar que se habla del asunto, es palpable. Vívida. De hecho, el propio Arcioni anduvo por la Casa de Gobierno pidiendo disculpas a los empleados, por la circunstancia difícil que vive la provincia.

En medio de esta “agenda” complejísima y con el juicio de la gente sobre los hombros, en Chusoto han decidido seguir adelante con el cronograma electoral. Una decisión que es sensata a los ojos políticos, pero que recibirá fuertes críticas de la sociedad. Es en el seno de Chusoto, el partido creado por Das Neves, donde todo esto ocurrió. A propósito, ya se sabe que Arcioni no querrá ser vicepresidente de Raquel Di Perna en una lista de unidad. Será presidente, si se lo proponen, o nada. Y que preferiría postergar las definiciones internas hasta que la Justicia avance un poco más. De hecho, y tal como lo ha promocionado el procurador Miquelarena, hasta en la Casa de Gobierno hay arrepentidos que aparecen con lágrimas en los ojos. A ellos, para que la cosa funcione, les pedirán que entreguen los nombres de “más arriba” si es que los hay. Porque la causa tiene datos certeros, e información como para hacer una serie exitosa de Netflix.

El círculo íntimo

La familia Das Neves ha decidido abroquelarse. Sostienen que el caso no les afecta, ni lo hará, y que lo que hubo fue un grupo de bandidos que aprovechó la enfermedad de Mario y las largas transiciones que hubo, para enriquecerse. Según creen en lo que fuera el círculo íntimo del fallecido gobernador, hubo en junio y julio de 2016, uno de los períodos más complicados en la salud de Das Neves, mucho descontrol en la Casa de Gobierno. Los Das Neves pasaron mucho tiempo en Buenos Aires. “Y ahí fue cuando algunos ‘vivos’ aprovecharon”, dicen. Y hacen referencia a ex funcionarios importantes, alguno incluso de la más íntima confianza de Mario. Habría que recordar, de paso, que -en esas largas transiciones- el entonces vicegobernador Arcioni no podía ocupar el despacho principal de la Casa de Gobierno, más que circunstancialmente.

Finalmente, con la aprobación del Pacto Fiscal, más el bono a los proveedores, adelantos de Nación, y la “causa-bomba” que implosionó Chusoto, y con ello a algunos de los detractores de Arcioni-Mammarelli y Cambareri, el gobierno terminó cerrando una semana de viento a favor. Aunque parezca increíble. Pero así son las paradojas de la política, en un análisis de superestructura. En la calle, la fórmula es distinta, y pagarán justos por pecadores. Porque la “privada” que manejaban Diego Correa y sus aliados, o jefes, o contactos, o cómplices, es el equivalente a la “Rosadita” del kirchnerismo. Y los hallazgos en las propiedades y vehículos de la banda, son como los bolsos de López, aunque sin armas, de momento. Por eso, el castigo y el oprobio, serán para la clase política, y para los dirigentes que cobijaron el monstruo.

No habrá salvación de la condena social, porque el ciudadano común que cobra desdoblado, que tiene “clavos” en su comercio, que sufre la cadena de pagos, lo que ve es cómo hubo gente que -al calor del poder- se hizo sencillamente millonaria.

“Preguntale a Diego”

En el taller, en la cola del supermercado y hasta en la puerta de la Iglesia sólo se habló desde el miércoles de “los que le robaban al Estado”, del dinero debajo de la rueda de auxilio, de la pileta y el complejo en Playa Unión y los autos de alta gama que tenían los miembros de “la banda”, como la definió el fiscal Alex Williams. Pero es cierto que en el grueso de la sociedad chubutense desconocían quién era y el nivel de relevancia de Diego Correa en el esquema del poder. Por eso, aquellos mismos que se hicieron eco del cinematográfico operativo de detención y algunos pormenores escandalosos e indignantes de la investigación, no lograron comprender que el señalado como jefe de una asociación ilícita no era un funcionario de segunda o tercera línea como pudiera parecer. “A los peces gordos nunca los tocan”, se escuchó decir en una rotisería donde algunos clientes conversaban de lo único que se podía hablar. Es cierto que un cargo de subsecretario no parece tan relevante en la inmensa estructura del Estado, pero no se trata de sellos sino de ser parte del poder mismo; y Correa supo serlo durante dos gestiones y media de gobierno provincial. Sólo una puerta, que no siempre se cerraba, lo separaba del principal despacho de la Casa de Gobierno, pero fue sombra, voz y oídos de Mario Das Neves. Cada ministro o secretario de Estado sabía que en el escritorio de Correa terminaban todos los trámites importantes que requerían visado de la más alta autoridad. Y él decía cuándo le daría curso. No, no fue uno más. Fue un hombre con poder.

Oriundo de Quilmes, aquel joven Diego Correa conoció a Mario Das Neves en los tiempos en el que por entonces diputado nacional se hacía cargo de la Aduana, por pedido del presidente Eduardo Duhalde. Y quien puso en contacto a ambos fue quien ocupaba el cargo de subdirector de la Aduana, Carlos García Lorea, el mismo que luego fue presidente del Banco del Chubut.

Desde 2003, aquel muchacho quilmeño se instaló en la Privada del Gobernador y allí se transformó sencillamente en Diego. Todo era: “Preguntale a Diego, decile a Diego, que Diego hable con Mario”. Como es lógico, desde esos lugares suelen ganarse amigos -muchos de ocasión- pero sobre todo odios. ¿Qué nivel de rencores habrá cultivado Correa? ¿Empezó esta causa con aquel sobre misterioso dejado por una secretaria en las escalinatas de la Legislatura? ¿O estaba en realidad apuntado desde antes?.

Por supuesto que la investigación de los fiscales Williams y Omar Rodríguez recién empieza y aunque las pruebas sean abrumadoras, como sostienen, todo deberá demostrarse durante el proceso. Y no debería sorprender que aparezcan nuevos actores en la causa, con mayor renombre público que el de Correa, pero no significa eso que sean verdaderos “peces gordos” frente a un “perejil”, como cree gran parte de la sociedad. El golpe de esta causa, fue en el corazón mismo del poder. Tanto es así, que el temor y el nerviosismo de tantos funcionarios y ex miembros del Gobierno como de otros hombres y mujeres de la política y hasta del empresariado, es por lo que podría señalar Correa si se siente definitivamente acorralado.

Por lo pronto, lo que reina es el silencio. Y el miedo.

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