2018, año dominado por el brote del «Peñismo»

El Gobierno de Mauricio Macri sufre una enfermedad. Se llama “peñismo”. Es una declarada dependencia del Presidente de la Nación de un jefe de Gabinete de Ministros que acumula poder en forma constante, bajo la…

lunes 31/12/2018 - 11:18
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El Gobierno de Mauricio Macri sufre una enfermedad. Se llama “peñismo”. Es una declarada dependencia del Presidente de la Nación de un jefe de Gabinete de Ministros que acumula poder en forma constante, bajo la excusa de “mejorar” la gestión gubernamental.

Sin embargo, los resultados están a la vista: los indicadores macroeconómicos, sociales, sociopolíticos y electorales empeoran al ritmo que crece la concentración del poder.

Otra vez el 28 de diciembre fue la fecha elegida para dar 2 golpes de efecto contundentes:

** el despido del secretario de Energía, Javier Iguacel, desplazado del cargo por las disidencias con Nicolás Dujovne y por la desautorización directa del Presidente de la Nación, quien puso en manos del ex asesor presidencial, Gustavo Lopetegui, el futuro de Vaca Muerta y del sector energético. Nadie va a extrañar al ex ministro de Energía y ex secretario de Energía. Él será recordado por sus “Iguaselfies”, no por alguna capacidad para resolver los enormes cuellos de botellas que tiene el sector; y

** fue publicado en el Boletín Oficial la oficialización del traspaso de Contrat.AR, la plataforma para la contratación y seguimiento de la ejecución de obra pública, potestad que estaba en manos del Ministerio de Interior, Obras Públicas y Viviendas. Esto explica la postulación 2020 de Rogelio Frigerio para presidente del Banco Interamericano de Desarrollo que hizo la Jefatura de Gabinete de Ministros -no el Ministerio del Interior, al que acababan de quitar la mayor herramienta que tenía para negociar con gobernadores e intendentes opositores-.

De esta forma, en medio de un supuesto proceso de reestructuración del Estado, que comenzó con reducción de secretarias, subsecretaria, direcciones y coordinaciones, que luego pasó por eliminar ministerios y, ahora, se encuentra en la etapa de redefinir funciones; la Jefatura de Gabinete de Ministros ha multiplicado sus responsabilidades y tiene un organigrama de dependencias que supera cualquier otro ministerio del Gobierno macrista y cualquier otra Jefatura de Gabinete de los gobiernos que se dieron desde que la Reforma de la Constitución Nacional de 1994.

Con estas demostraciones de fuerza, Marcos Peña se queda con el control de 2 de los sectores que la Casa Rosada cree que son los motores del crecimiento en 2019, claves para alcanzar la supuesta reelección:

** Vaca Muerta y la obra pública.

La excusa es reducir los tiempos y pasos burocráticos de decisión, argumentos que viene levantando el Jefe de Gabinete desde Diciembre de 2015, cuando comenzó a colocar funcionarios propios en todos los ministerios, creando una red paralela de poder.

Según han comentado muchos de los funcionarios que han dejado sus puestos en los últimos 6 meses, esta red fue calificada como un sistema de “comisariato”, que obligaba a todos los ministros, secretarios y subsecretarios, todos de origen político, a lograr la aprobación de este grupo de «peñistas» que revisaban si se cumplían las metas que imponía el Jefe de Gabinete.

Sin embargo, para no quedar mal parados, consultaban una y otra vez a Marcos Peña y los vicejefes de Gabinete, con el fin de lograr una propuesta incolora, inodora e insípida, que pasara el examen final. Eso no sólo generó inmensos retrasos en la gestión en el 1° año de gobierno, sino también, propuestas inocuas o contradictorias –según publica Urgente 24-.

El sistema estalló aquel fin de semana cuando Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal le impusieron a Mauricio Macri la necesidad de quitar al Jefe de Gabinete del medio, lo que llevó a la salida de los vicejefes de Gabinete, permitiendo el cara a cara del Presidente de la Nación con sus ministros. Pero eso duró poco. No pasaron 4 meses para que aquel objetivo se revirtiera.

Hoy, Marcos Peña tiene más poder que nunca. No sólo tiene a su cargo organizar la campaña electoral, armar las listas, decidir el cronograma de votación y la política de alianzas; ahora, también tiene más “poder de fuego” que el propio ministro de Hacienda y Finanzas quien, tal como su nombre lo indica, le permite a Nicolás Dujovne el manejo ‘de la caja’ y contralor las políticas monetarias que Guido Sandleris ejecuta en el Banco Central.

El propio vicejefe de Gabinete, Andrés Ibarra, quedó opacado al poco tiempo de asumir su nuevo cargo.

El regreso de Gustavo Lopetegui como asesor presidencial y de Mario Quintana negociando en las sombras, motivaron que el ex ministro de Modernización quedara muy limitado en sus funciones, aunque ahora, según el nuevo organigrama, maneja Contrat.AR: la contratación y control de las obras públicas. Pero eso es sólo la parte informática del portal, las decisiones las toma Marcos Peña.

El imperativo de la Casa Rosada es reactivar la economía.

Sin buenos datos macro, la reelección es casi una fantasía que depende del renacimiento del antikirchnerismo más furioso. Pero creer que manejar Vaca Muerta y/o la obra pública desde la Jefatura de Gabinete alcanza, es parte del “realismo mágico” que inyecta el «peñismo», creyendo que la realidad está en el PPT, en el Excel y en las encuestas demoscópicas; cuando esos 3 elementos, en el mejor de los casos, son como las radiografías a la medicina: un medio de visualización de potenciales dolencias, no su solución.

Pasados 3 años de gestión macrista, queda en claro que el problema no eran ni Alfonso Prat Gay ni Carlos Melconían ni Isela Constantini ni Federico Stuzenegger ni Luis Caputo ni Juan José Aranguren.

Los datos macroeconómicos con claros. Quienes recibieron más críticas, fueron reubicados en otros cargos con más poder, tal como fue el caso de Francisco Cabrera, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Vuelven por amiguismo, por ser cercanos a Mauricio Macri, no porque desempeñen sus roles aportando soluciones.

Sin lugar a dudas, corresponde a Mauricio Macri la responsabilidad de otorgar tanto poder a Marcos Peña.

Ni Eduardo Bauzá en días de Carlos Saúl Menem tuvo tanto poder. Ni hablar Rodolfo Terragno o Christian Colombo con Fernando de la Rúa. Ni Alberto Fernández con Néstor Kirchner. Ni Jorge Capitanich ni Aníbal Fernández, los más importantes que tuvo Cristina Fernández.

Si el Presidente de la Nación no entiende el mensaje de la historia, es un problema, pero la realidad está a la vista: No sirve que una persona, que fue responsable de tomar decisiones totalmente equivocadas, acumule tanto poder. Por eso el diseño constitucional de 1994: el rol del Jefe de Gabinete es coordinar, no decidir políticas públicas. Para esta tarea están los ministros y los ministerios. Sin embargo, desde fines de 2015 está desvirtuándose en forma progresiva.

Esto fue lo que se intentó con 2 vicejefes de Gabinete todopoderosos que decidían por encima de los ministros. Ahora se formalizó la multifunción de la Jefatura de Gabinete. Es decisión presidencial.

Dentro y fuera del macrismo la ven como un error, pero quién pagará el costo será el propio Mauricio Macri, dado que en el fondo, dejó en manos de Marcos Peña la posibilidad de su reelección, el futuro de “Cambiemos”, la sobrevivencia del kirchnerismo y el destino del PRO.

Por un milagro político sólo explicable por su caudal personal de voto, Cristina Fernández de Kirchner no ha pagado el precio político de perder la elección nacional y la Provincia de Buenos Aires en 2015. Si no llega a ser reelecto, Mauricio Macri no va a contar con una similar suerte. Los pésimos indicadores macroeconómicos muestran que el prestigio que tuvo en el inicio de la gestión presidencial se está yendo por la cloaca. Los números son claros.

Ahora, con una frialdad manifiesta, el Gobierno adelanta que todos los aumentos de 2019 se realizarán entre enero y mayo. Luego, se abre la campaña electoral y la idea es no alterar la vida de los votantes con nuevos incrementos de servicios públicos.

Sin embargo, el daño ya habrá sido hecho. Empresas y comercios ya comenzaron a analizar potenciales aumentos de precios en forma “preventiva”. El consumo, ya en decadencia, podría contraerse más. La consecuencia de ambos efectos será mayor cierre de pymes y locales comerciales y más inflación.

Traducido, entre enero y mayo crecerá la cantidad de pobres e indigentes y de personas sin trabajo. Un excelente clima para comenzar una campaña electoral.

Si bien el Gobierno logró superar diciembre 2018 sin saqueos ni ocupaciones -lo que no fue ni milagro ni ‘cintura’ sino que costó miles de millones de pesos en “asistencia social”- esto no impide que, desde Marzo 2019 vuelva la conflictividad social a las calles.

El amago de “cacerolazo” que intentó la izquierda el viernes 28 fue sólo una muestra de lo que veremos en 2019, dado que la elección se decidirá en las calles.

Por eso, no es casual que, recién asumido, el nuevo secretario de Trabajo, Lucas Fernández Aparicio, se reuniera el jueves 27/12 con Hugo y Pablo Moyano. La excusa fue hablar de competitividad, en realidad, se intentó reconstruir el puente que se había roto con Jorge Triaca.

Es decisión de Marcos Peña y Jaime Durán Barba polarizar con el kirchnerismo y con el Peronismo Federal todo lo posible. Ellos creen que cuanto más polaricen, más votos pueden recuperar. Es una jugada extrema, arriesgada. Cuando se elige un enemigo, al mismo tiempo, se lo potencia. Ni el jefe de Gabinete ni el asesor estrella ecuatoriano entienden que cuanto más polaricen con CFK, más difícil será para el peronismo no kirchnerista evitar una alianza con la ex mandataria.

En el fondo, con su estrategia, el macrismo le facilita el camino al panperonismo para que vaya unido a la elección de Octubre.

Esta idea de polarización marcará todo 2019. En el Congreso, no se evitarán batallas. Muchos proyectos de Ley se intentarán aprobar. La Casa Rosada no le temblará el pulso en vetar todas las Leyes que no sigan sus parámetros. No teme ser derrotado una y otra vez en la Cámara de Diputados, con eso cree que suma votos. Y muchas de esas derrotas, morirán en los cajones del Senado, dado que hacia Mayo, o quizás antes, la actividad parlamentaria cesará, por el adelantamiento de las elecciones en casi todas las provincias peronistas.

Así, en febrero, se intentará reabrir el Poder Legislativo. Más tarde o más temprano, se logrará. Eso indica que tendremos un verano muy corto y un año político demasiado largo.

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