#SiGanaMacri

Del jolgorio en redes sociales a la realidad del gobierno de derecha. Un ministro de Hacienda y Finanzas, minga de economía política. Metas de inflación, falacias y objetivo único. El despido de Víctor Hugo, congruente con el contexto. La Ceocracia chilena, una referencia. Política en Buenos Aires y la interna del PJ.

macri y moyanoSegún publica Pagina 12, parte del debate público era así de berreta y falaz hace poco más de dos meses. Nada había que temer ni recelar si Mauricio Macri llegaba a la presidencia. Las redes sociales habilitan muchas variantes expresivas: el simplismo lapidario es de las más asiduas.

A despecho de consignas y chicanas veloces en el mundo virtual hay despidos, caramba. Algunos se retractan, forzados por las reacciones de los damnificados. Son minoría, dentro del conjunto.

Desde 1983 hubo acciones más devastadoras que la política económica ¡del primer mes! del macrismo. Pero las palabras las envolvieron o camuflaron de otro modo. Nadie fue tan virulento y extorsivo contra los trabajadores y los sindicatos como Alfonso Prat-Gay. Hasta Domingo Cavallo, su antecedente más cercano, apeló a la hipocresía, ese homenaje del vicio a la virtud.

No todo es mentira o chantaje en el discurso macrista: alguna verdad sobrevive como un islote en un océano. Por ejemplo, Prat-Gay no es “ministro de Economía” sino de Hacienda y Finanzas. Nada más certero. La “economía real”, la producción, el trabajo siempre han estado fuera del radar del otrora joven prodigio del glorioso JP (Morgan). Abundan en la historia ejemplos de ministros y de académicos capaces de conocer las enrevesadas y conflictivas “cadenas de valor”. Esas nimiedades jamás llamaron la atención del ex broker y banquero central.

Algo determinante lo diferencia de Marcelo Diamand, Axel Kicillof, Roberto Lavagna o Miguel Peirano (por citar protagonistas de distintos palos, en democrático orden alfabético), “Alfonso” sería incapaz de describir cómo se forma el precio de un Serenito o una lata de dulce de membrillo.

Qué sectores, productivos o de servicios, se eslabonan y contienden en la elaboración del bien terminado, su ubicación geográfica, sus conflictos a lo largo del tiempo, cuáles son hegemónicos y cuáles subalternos. Ni hablar de cuál es mano de obra intensivo, cuál abona salarios pasables o de hambre, cuál evade impuestos. La economía política es un mundo ancho y ajeno para el ex apoderado de Amalia Lacroze de Fortabat.

De ahí que nadie deba sorprenderse (y muchos espantarse) si las sucesivas conferencias de prensa del ministro versan sobre las divisas o las metas de inflación.

Con mala fe, que ni siquiera convalidan sus diarios aliados ni la consultora del ministro Rogelio Frigerio, fija el tope inflacionario para 2015 en veinte o veinticinco por ciento. La mentira, burda, quedará probada en seis meses, como mucho. Claro que el gobierno no espera convencer sino amedrentar. La #EstrategiaDelMiedo ha llegado.

El mensaje apunta a bajar el techo de las paritarias, bajo el encantador slogan “cada cuál sabrá donde le aprieta el zapato”.

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