El joven baleado tiene muerte cerebral

El violento episodio que concluyó con Walter Leiva herido de gravedad en la cabeza se registró a las 7:40 de ayer en una de las zonas más conflictivas del barrio Máximo Abásolo.

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A esa hora los vecinos de la zona pusieron en alerta a la policía sobre la presencia de una persona herida de bala y al lugar acudió personal de la Seccional Séptima. Al llegar encontraron a un joven baleado en la cabeza.

La víctima fue identificada como Walter Leiva, de 21 años. Reside en esa barriada y no registra antecedentes penales, indicaron desde la comisaría que tomó intervención. Por algunos testimonios indican que se escucharon disparos en toda la madrugada. Una de las hipótesis señala que habría existido un intercambio de disparos entre el “grupo de arriba” que reside en las calles Gansos Verdes y Small, y el “grupo de abajo” que vive sobre las calles Los Ciruelos y Small.

En esa línea se habría producido el tiroteo que dejó en agonía a Leiva. Sin embargo, la Brigada de Investigaciones que lleva adelante el caso dialogó con la familia de la víctima y estos declararon que Leiva se encontraba afuera de su vivienda. En esa circunstancia habría aparecido el sospechoso identificado por la policía como Jonathan Ezequiel Lillo, de unos 23 años, y le habría disparado.

Mientras el joven fue trasladado de urgencia a la guardia médica, los efectivos de la Seccional Séptima dispusieron una consigna en la vivienda de una joven apodada “Pepa”, quien sería la novia de Lillo. Esto a la espera de diligencias judiciales.

Desde la comisaría del Máximo Abásolo recordaron que en enero en la casa de la mujer se registró un episodio en el que balearon a un joven en la ingle, y por ello fue detenido Brian Baeza, quien pertenecería al grupo con el que estaría identificado Leiva. En esa línea residiría el ajuste de cuentas entre ambos grupos antagónicos.

Cuadro irreversible

En el escenario del ataque la Policía Científica levantó abundante evidencia, entre ellas, vainas servidas y cartuchos a bala, lo cual les permitió reforzar la hipótesis de un enfrentamiento armado entre grupos antagónicos. Incluso en uno de los bolsillos del herido la policía encontró tres balas calibre 22, aunque no tenía ningún arma encima al momento del arribo de la policía, indicaron las mismas fuentes.

En cuanto a la grave salud de Leiva se supo que en horas del mediodía los médicos le diagnosticaron muerte cerebral. Fue intervenido quirúrgicamente pero no pudieron extraerles los plomos. El joven recibió dos disparos en la cabeza –según publica El Patagónico-.

Los investigadores solicitaron tres órdenes de allanamientos y la detención del hombre señalado de disparar contra Leiva. Pero el juez de turno, Mariano Nicosia, sólo autorizó una sola requisa en la casa que tenía la consigna policial. Al ingresar la policía junto a las fuerzas especiales descubrieron que la casa no tenía ningún habitante.

A pesar de ello, se incautó un arma de fabricación casera conocida como tumbera calibre 12.70, vainas servidas y municiones de distintos calibres. Al no encontrarse Lillo persiste su orden de detención.

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