El Jeque Petrolero: Pereyra, poder y fortuna

En un extenso informe especial del que aquí compartimos su segunda parte, el diario Río Negro, hizo alusión a que el sindicalista convirtió a su gremio en un emporio a fuerza de millones cosechados de miles de afiliados. Los negocios presentes y los que vendrán. Su influyente pulgar y cómo busca prolongar la dinastía.

El pulgar identifica el poder de Guillermo “El Caballo” Pereyra. Lo sube o lo baja, así de simple.

Durante décadas, el gremialista hizo sentir el rebenque de hasta 10.000 personas movilizadas para exigir cambios en condiciones laborales o presionar ante cierres, despidos y suspensiones. Su gremio tiene alrededor de 20.000 afiliados que votan como un solo hombre. No en vano ha alcanzado el 99,8% en una elección y, durante añares, la oposición brilló por su ausencia. Las escasas filas de obreros que lo combaten (por lo general del PO), lo definen de patotero y extorsionador.

Cuando comenzó a hablarse de boom petrolero, Pereyra emprendió una caza de afiliados. No se conformaba con Río Negro y Neuquén; quería también a La Pampa a su merced, pero debió enfrentarse con el sindicato de Bahía Blanca que tenía de aliada a la UOCRA pampeana y mendocina. El pico más cruento de la disputa derivó en la muerte de Ariel Quiroga, del gremio de los albañiles, en 25 de Mayo, La Pampa. Fue en medio de un ataque a tiros al rudo estilo Far West, en 2008. Un exfuncionario fue testigo de un comentario de Pereyra tras el incidente: “A los muchachos se les fue un poquito la mano…”

Con la ilusión de Vaca Muerta y la acción política, se redobló el poder del gremialista. No pocas empresas de servicios pasarían por su tamiz. ¿Pueden trabajar? ¿Se les renueva contrato con YPF? ¿Qué y cuánto personal pueden reclutar? Pereyra da toda la impresión de ser el que decide.

Su campaña y triunfo humillante frente al oficialismo del MPN, primero, y su consagración en las urnas como senador después, le dieron a Pereyra un sitio preferencial en el palco del MPN. Enrostró ese poder cuando inauguró semanas atrás el edificio suntuoso de la Mutual y subió a la tarima al Jorge Sapag que meses antes denostaba y llamaba “ñoqui”, al actual gobernador Omar Gutiérrez y a su hijo Martín, sólo para promocionarlo.

Sus vínculos políticos han sido cambiantes. En el plano nacional fue devoto de Néstor Kirchner (“un gran constructor”, decía), e hizo buenas migas con Julio De Vido y con Cristina Fernández (“volvería a votarla”, sostuvo en 2012). Pero luego a la expresidenta la combatió con decisión, al compás de su alineamiento con su par camionero Hugo Moyano, a quien secundó en la conducción de la CGT. Ahora existe un mutuo aferramiento con el presidente Mauricio Macri. El senador se convirtió en el primer y vital aliado gremial del mandatario.

Buenas migas con todos

El poder político de Pereyra creció tanto como su poder económico. Miles de millones de pesos sobrevuelan su figura.

Parte de la fortuna se deposita y visibiliza en señoriales edificaciones.

Pruebas al canto: la Mutual de 12 pisos construida a razón de 1 millón de dólares por piso, y la prometida Ciudad Sanitaria de 100 millones de dólares. Pero hay también modernas clínicas en Rincón y Catriel, un avión sanitario totalmente equipado, farmacias propias, sedes gremiales y campings recreativos en todas las localidades petroleras. Las instalaciones y beneficios en turismo social, becas, préstamos, prestaciones sanitarias, etcétera, explican el fervor que despierta Pereyra entre los afiliados.

¿De cuánto dinero hablamos y de dónde sale?

El gremialista ha dado tibias pistas sobre los montos que maneja. En octubre de 2015 sorprendió al hablar de “un plazo fijo del gremio de 1.800 millones de pesos” (que, de mantenerse, hoy alcanzaría los 2.700 millones). Este año declaró un “superávit de 367 millones” y un “activo de 1.900 millones que deja a las claras que tenemos una buena administración”. Pero ese dinero -es de presumir- constituye una mínima expresión de todo lo que hay en danza. El movimiento crediticio del Banco Central apenas registra un saldo de tarjeta de crédito de 166.000 pesos. Una bicoca. Cero endeudamiento.

Se sabe que las cuentas están bajo su dominio omnímodo. Pero para garantizar hacia afuera prolijidad, el gremialista recurre a su familia. No obstante, tomó en algún momento a un gerente contable para que elabore un protocolo de compras. El hombre duró un suspiro en el cargo.

En las demás cuestiones de desenvolvimiento del gremio, Pereyra se vale del aporte de fieles colaboradores. Entre ellos, tiene contratado en el Senado como asesor al ex secretario de Energía neuquino y frustrado candidato a gobernador Guillermo Coco. Las cuestiones legales por años las manejó a través de Juan Carlos Marconetto, quien fue socio de Comasa SA, la empresa constructora que ha hecho buena cantidad de obras en el sindicato, incluida la reciente Mutual, como veremos más adelante.

El nuevo filón de la ART

Los ingresos visibles del gremio se nutren del aporte de empleados (que poseen un nada desdeñable poder adquisitivo) y de contribuciones patronales. Si se considera que un promedio del 18% del salario bruto de un trabajador petrolero queda en manos del sindicato, anualmente se estaría percibiendo un piso de 2.500 millones de pesos, probablemente manejados de manera discrecional.

Por si fuera poco, se viene un nuevo filón para el gremio: la Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART) hecha en casa.

Pereyra soñaba con ella desde hace unos seis años. Hoy su espejismo se volvió realidad. En 2011, el sindicalista logró que el convenio colectivo del trabajo petrolero 644/2 incluyera en su artículo 11: “las partes (…) recomendarán que las empresas consideren la posibilidad de contratar la ART creada por la Mutual de Empleados y Obreros Petroleros Privados”. Así, en 2014, Pereyra presentó en público su propia ART, “la primera creada por un sindicato”.

El éxito se coronó semanas atrás: fue autorizada a operar desde Nación, lo cual parece constituir la mayor contraprestación del gobierno de Macri en gratitud por la firma de la adenda al convenio colectivo, piloto de la vulgarmente llamada flexibilización laboral.

Cuando efectivamente se ponga en marcha la nueva ART, los ingresos del gremio podrían trepar a 3.000 millones de pesos al año.

Significa que Pereyra terminaría manejando, cada doce meses, la friolera de 200 millones de dólares, monto que equivale a muchas de las inversiones plurianuales anunciadas en Vaca Muerta por empresas hidrocarburíferas de primera línea.

Cercanías sospechosas

Tamaño volumen de dinero ¿es todo cuanto maneja Pereyra como flujo de ingresos?

No lo creen así dentro del sector petrolero.

Leyenda o no, se han venido alimentando sospechas -algunas públicas- sobre negocios laterales del sindicalista, siempre atados a la cuestión petrolera, sea en el rubro ambiental, del transporte o la construcción. Un espejo de lo que son algunas de las sociedades generadas por su familia directa, tal como ha descrito el diario Río Negro en la primera parte de este imforme.

La presunción, difícil de probar, indica que Pereyra tendría intereses o vínculos con algunos de estos negocios y empresas. Hay, cuanto menos, hilos conductores. Veamos:

  • La constructora Comasa SA. Desde su formación, esta firma neuquina tuvo al frente de su directorio a Juan Carlos Marconetto y a Osvaldo Sampietro. El primero, ex legislador emepenista, es un antiguo asesor legal del gremio y una de las mano derecha de Pereyra. Figura en los registros de la Anses como empleado del Sindicato y de su Obra Social. En el domicilio de la constructora (Rivadavia 635 de Neuquén) está también la sede de radio Cumbre y de Tarjetas Máxima, en las que Marconetto aparece como co-titular y que más de una vez se señalaron como próximas a Pereyra. En tanto Sampietro, ingeniero, ha sido el proyectista del Complejo Deportivo y Recreativo del Sindicato. En 2006, Marconetto y Sampietro transfirieron sus puestos en Comasa a Pablo Roca Jalil, que quedó como presidente, y a José Antilef. Ambos ya eran integrantes de la firma. La esposa de Sampietro quedó como directora suplente.

Comasa es la empresa que construyó el edificio de la Mutual, tan monumental como su inauguración política. Con fondos del gremio, hizo también el Club Petroleros Privados de Huincul y la Clínica Sindical petrolera de Catriel, entre otras obras.

  • Las mallas oleofílicas. Guillermo Pereyra venía bregando para que todas las empresas involucradas en la extracción del petróleo obligatoriamente utilizaran estas mantas para contener los derrames de crudo en torres, piletas, camiones… Lo consiguió. En 2010, Medio Ambiente de la provincia publicó las normas respectivas. A baja voz ya se decía que su fabricante era “una empresa de Pereyra”. La sospecha se intensificó cuando vieron que el gremio publicitó abiertamente a la firma y su negocio con residuos. Se llama Real Work SRL, radicada en la comarca petrolera. En ese momento aparecía como único dueño Jorge Luis Cárdenas Negro, que fuentes acreditadas señalaron como ex empleado del municipio de Cutral Co. La sociedad fue, en realidad, inscripta en 2003 por Norman Angli y luego pasó a manos del extitular del BPN, Carlos Chiappori. Cárdenas Negro no tardó en transferir parte de sus acciones a Jorge Alberto Rubio, un amigo del vicegobernador Rolando Figueroa, además de seguidor de Pereyra y aportante de su campaña a senador.

A su vez, Cárdenas Negro figura como accionista de Sand Frac SRL, proveedora de arenas para fracturación hidráulica en yacimientos petroleros. Y también tuvo participación en la constructora Ingeco SRL en sociedad con Rubén Santarelli. Terminó cediendo acciones en favor de Lucio Filippi (allegado a Martín Pereyra ) y de Santiago Ciancaglini (también socio en Sand Frac). Una familiar de éste último aparece como receptora de acciones de Martín Rubio, hijo del socio de las mantas oleofílicas, en una empresa llamada Ragua SRL, dedicada al tratamiento de pasivos ambientales y saneamiento de piletas petroleras. Jorge Rubio estuvo al frente de Ragua hasta diciembre de 2014, cuando cedió acciones a María Magdalena Rubio, quien sería su hija. Un verdadero rompecabezas. En definitiva, todo permite suponer que Cárdenas Negro, los Rubio y los Ciancaglini tienen vínculos estrechos en empresas fuertemente dependientes de la industria petrolera. Y se ligan así mantas (de dudosa efectividad y cuestionadas a su vez por contaminantes), otras soluciones ambientales y arenas para el fracking.

“Gerenciando” desocupados

El pulgar de “El Caballo” Pereyra es tan influyente que parece capaz de determinar, incluso, si una empresa puede acceder a las mieles de los contratos con YPF. En definitiva, si puede trabajar o no.

Esto el mundo petrolero lo sabe; lo aprovecha o lo padece.

Dos empresarios de la actividad explicaron a “Río Negro” el mecanismo “de coerción” que funcionó en los momentos críticos de la industria petrolera, cuando se imponía desde la empresa estatal nacional austeridad en los gastos y, por ende, baja en las contrataciones.

YPF pedía, por ejemplo, reducir la cantidad de camiones petroleros en movimiento, lo cual significaba trabajadores inactivos. Uno de ellos lo explica: “Guillermo te conseguía que YPF se haga cargo de los sueldos de la gente que debía quedar en la casa”.

Lo precisa mejor con un ejemplo: “YPF tenía que bajar 100 camiones en total. Si estábamos alineados a Pereyra, a nosotros nos bajaban sólo algunos. Y mientras manteníamos a la gente que quedaba desocupada, aunque permaneciera en la casa, a nosotros nos pagaban los sueldos hasta que se reacomodara la actividad. La estatal pagaba el 100 por ciento más un costo adicional por mantener al empleado en tu empresa… como un gasto administrativo. De ese valor tenías que hacer un aporte del 10%”.

Según su testimonio, el gremialista se mostraba hacia su gremio como garante de las fuentes laborales, y a la empresa que se aviniere al sistema “no le hacía ningún tipo de quilombo” y le aseguraba la continuidad en los contratos.

Imbatible

33 años lleva Pereyra al frente del sindicato. En junio del año pasado anunció su retiro, pero fue solo un amague.

99,8 por ciento de votos obtuvo en 2008. Nadie se animó a enfrentarlo hasta hoy.

41,7 por ciento logró “El Caballo” en la elección que lo convirtió en senador. En primarias, le había ganado por casi 10 puntos a Ana Pechén, a quien denostó.

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